La astrología tiene sus raíces en las antiguas civilizaciones de Mesopotamia, Egipto y Grecia, donde la observación del cielo era una herramienta para comprender los ciclos naturales. Los movimientos de los astros se registraban con precisión para organizar la agricultura, la navegación y los calendarios.Con el tiempo, estas observaciones adquirieron un significado simbólico, relacionando los fenómenos celestes con los ritmos de la vida humana.El objetivo inicial no era predecir el futuro, sino comprender la relación entre el entorno natural y la existencia cotidiana. Esta práctica sentó las bases del pensamiento astronómico y de las primeras formas de interpretación del cielo.
A partir del Renacimiento, la astrología se transformó en una práctica cultural más orientada a la interpretación simbólica que a la observación científica.Hoy en día, muchas personas la consideran una herramienta de reflexión personal y autoconocimiento, sin carácter predictivo.Su valor reside en la capacidad de ofrecer una lectura sobre los ciclos naturales y la influencia del tiempo en la organización individual.La astrología contemporánea se presenta como un puente entre la historia, la filosofía y la cultura, manteniendo viva una tradición milenaria.